La mesa familiar

Cuando la alimentación es integral
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Nota especial por la Lic. Carolina Gaute

 

En estos días recordaba a un joven que hace tiempo se acercó a mí para agradecerme por una porción de torta de chocolate, con la cual lo había convidado al visitarnos en nuestra casa.

Por aquel entonces esto me dejó pensando en el porqué de su agradecimiento, a mí parecer exagerado, respecto al a lo sucedido. 

Me preguntaba qué había detrás de esa porción de torta de chocolate. 

 

¿No te has preguntado por qué al percibir un aroma, una textura, un sabor; nos trasladamos en el pensamiento y sentimos diversas emociones que están conectadas con experiencias vividas, algunas placenteras y otras no tanto?

 

Desde el inicio de nuestra existencia la alimentación se conecta con las emociones. Somos alimentados en el vientre de nuestra madre. Más adelante disfrutamos del pecho materno el cual reúne esa calidez amorosa con la satisfacción de sentirnos pleno en cuerpo, alma y espíritu. Y qué decir de los primeros bocados, cuando llega el tiempo de probar los primeros alimentos. 

 

Todo este proceso de alimentación se desarrolla en un ambiente determinado y en compañía de ciertas personas. Las experiencias o vivencias quedarán como una impronta emocional que nos acompañarán a lo largo de la vida.

 

Es por ello por lo que muchas de las dificultades que enfrentamos respecto al desarrollo saludable en nuestra relación con los alimentos se verá influenciado, entre otros factores, por esas experiencias. Podemos sentir alegría y ternura cuando percibimos determinado aroma que nos conecta con los brazos abiertos de la abuela que nos esperaba con un abrazo para que merendemos juntos en su casa. Así como también puedo experimentar tristeza e inapetencia cuando nos sentamos a la mesa, porque nos recuerda a nuestra infancia, donde en ese momento compartido nuestros padres aprovechaban a pelearse y nosotros terminábamos comiendo solos frente al televisor en medio de los gritos que tanta inseguridad nos generaban.

 

 

En este pequeño relato podemos ver la relación intrínseca entre la alimentación y las emociones y viceversa.

 

Hagamos de nuestra mesa familiar, entendiendo a la misma, como el espacio de confianza y seguridad compartido con los íntimos; un ambiente lleno de buenas experiencias.