Cambiando nuestra cultura alimenticia Parte 2

Segunda parte de la entrevista a la coach en alimentación Ely Nieto
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En el día de ayer publicamos la primera parte de la entrevista en donde la Lic. Elizabeth Nieto nos introdujo en la experiencia del cambio alimenticio y cómo, lo que empezó siendo algo familiar, desembocó en un proyecto que hoy está alcanzando a muchas familias. 

Parte 2

Aelem: ¿Hace cuánto que empezaron con la huerta en casa y qué cambios notaron?

E.N: Tuvimos nuestra primer huerta en un pequeño departamento hace unos 6 años atrás, hoy ya es parte de nosotros. 

No volvimos a comprar cultivos de hojas verdes ni hierbas aromáticas (lechugas, acelgas, espinacas, ciboulette, albahaca, orégano, etc.); de hecho ya no saben igual y nuestro cuerpo reacciona ante lo invasivo de los agrotóxicos. El resto en parte cosechamos de nuestra huerta y otro conseguimos en almacenes naturales que trabajan con productores agroecológicos. Una vez que empezás ya no hay vuelta atrás.

Nuestra concepción del medio ambiente es mayor, nuestro sistema digestivo está mejor y sentimos que algo estamos haciendo para cambiar la historia. Nuestros hijos son parte activa en todo esto, ellos tienen 1 y 3 años y ya saben cómo llega a nuestra mesa un tomate, después de verlo crecer, regarlo y orar por ellos. Eso sí es alimento que nutre nuestro ser de manera integral. 

 

Aelem: Actualmente ayudás a las personas a que puedan tener su propio cambio de cultura alimenticia ¿cómo te va con eso? ¿qué es lo que más les cuesta a las personas?

Sí, estamos abordando este tema con un programa de 40 días llenos de desafíos que tienen por objetivo acompañar a las personas primero en la toma de conciencia de que necesitan un cambio y, en segundo lugar, de cuán importante es la alimentación en su vida actual y futura. 

En ese camino guiamos a las personas en un proceso que inicia con una etapa de desintoxicación procurando un balance en la microbiota intestinal. A la que podría llamar un ecosistema interno (tal vez un huerto) que es necesario cuidar. 

De forma práctica y creativa cocinando en vivo compartimos recetas que se pueden llevar a cabo en una cocina promedio con un ritmo de vida dinámico como la mayoría. La propuesta consiste en mostrar y motivar a las personas a creer que el cambio es posible. 

Lo mas difícil en este proceso de cambios es quebrar estructuras mentales, culturales y de comodidad que nos llevan a postergar los cambios y quedarnos con lo mas conocido aunque a veces no sea lo mas fácil ni lo más beneficioso para las personas. 

Aelem: ¿Qué es lo primero que debe quebrarse a nivel mental?

Lo primero es quebrar la resistencia al cambio, después lo demás fluye. Las personas suelen asombrarse al descubrir el nivel dependencia que tienen al azúcar, las harinas o bebidas cargadas en glucosa por nombrar algunos. Pero ver cómo logran vencerlos es muy esperanzador. 

Una vez que inician y observan los cambios, se enciende un motor que los impulsa a un descubrimiento desafiante y continuo lleno de sorpresas en relación a todo lo que posibilita una buena alimentación. 

Hay testimonios de que a los tres días de comenzar el cambio alimenticio, el estado de ánimo cambió así como también la energía y bienestar general que anteriormente no experimentaban. También hay resultados beneficiosos en la baja de peso, una mayor saciedad y volver a encontrarse con el placer de preparar alimentos en casa. 

Aelem: cuando en tu casa con tu familia iniciaron una nueva manera de alimentarse, ¿en qué aspectos de la vida diaria fueron notando cambios?

Nosotros vemos cambios en todo: sanidades físicas en afecciones de hemorroides, constipación, ronchas en la piel, acné. Hemos experimentado un mayor nivel de energía así como el sentirnos livianos para vivir el día, afrontar responsabilidades y resolver problemas cotidianos con un menor grado de ansiedad. El cambio en el ánimo, tanto en nosotros como en nuestros hijos, es uno de los muchos beneficios. 

Y sobre todo, desde el gran disfrute que nos ha generado el encuentro como familia en los cuidados de la huerta, en la cocina en las distintas preparaciones que hacemos juntos como nuestras propias galletitas, hasta el mismo momento de sentarnos y comer.