Los peligros de la sobreprotección

Cómo educar de manera funcional
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Lic. Evangelina Ficetti
Psicopedagoga

Si tuviésemos que resumir cuáles son los principales roles de los padres o tutores, podríamos decir a grandes rasgos que son dos: proteger y proveer para las necesidades de los hijos (físicas, materiales, emocionales, etc.) Siempre que hacemos referencia a hijos estamos hablando de las edades de infancia y adolescencia que son las etapas de formación, desarrollo y crecimiento. Muchas veces, por culpas, por heridas no resueltas, por temores o por diversas causas, esto que debería ser una protección, termina siendo una sobreprotección. 

Haciendo una analogía con la sobreprotección en los hijos, bien podríamos poner el ejemplo de una planta que está a nuestro cuidado. La planta necesita de agua y sol para crecer, pero si nosotros, para que crezca más rápido o mejor la estamos regando todo el tiempo y la ponemos al rayo del sol todo el día la vamos a terminar dañando. Con la crianza de un hijo pasa algo similar. 

Los dos mayores peligros de la sobreprotección

En primer lugar, no permitimos el desarrollo en ellos. Al no darles la posibilidad de que vivan situaciones de exploración, instancias en las que tengan que elegir, marcar su criterio (hablamos de cosas simples de la vida) no permitimos que se desarrollen en ellos lo que se llaman estrategias de afrontamiento. Estas estrategias se forman en nosotros ante el contacto directo con una adversidad y cómo nosotros logramos afrontarlas. Pero si les evitamos estas instancias de dificultad, de frustración, de roces propios del relacionamiento con otros, de conflictos con sus amiguitos, no permitimos que desarrollen las estrategias de afrontamiento. Esto hará que le generamos una dependencia tal para con nosotros los padres que, a futuro, siempre estarán dependiendo de nosotros. 

El segundo peligro que considero de la sobreprotección es el doble mensaje que les estamos transmitiendo. No hay duda de que los protegemos porque los amamos, pero en la sobreprotección, por más que lo hagamos desde el amor, el mensaje que a ellos les llega es el de inutilidad. Es decir, yo lo quiero transmitir que lo amo pero en su decodificación, lo que el hijo valora es que es un inútil, de que solo no puede y que siempre va a necesitar de la intervención de mamá o de papá en su vida para resolver sus cosas. 

Cuando hay una acumulación de estas situaciones, el individuo va gestando la idea de “yo no soy capaz, siempre necesito de otro” y en la adultez vamos a tener un adulto inseguro, sin criterio propio, alguien que siempre va a necesitar estar a la par de otro para poder hacer actividades y en el peor de los casos un adulto sin una personalidad madura y firme. 

¿Qué hacer como padres?

En primer lugar poder reconocer si esto está en nosotros. Es importante como estrategia permitirles a ellos que cometan errores y que esto sea parte del crecimiento y desarrollo. En segundo lugar, no resolverle nosotros todos los conflictos. Desde los más pequeños hasta los más grandes, desde dejar que aprendan a atarse los cordones (si ya están en edad y se lo enseñamos varias veces), hasta el que resuelvan en el colegio alguna situación con un compañerito. Otro punto tiene que ver con empezarle a darles opciones para que ellos elijan: ¿hoy querés tomar leche o té?, ¿te querés poner este pantalón o este otro? Esto les ayuda a tomar decisiones y también tener un criterio propio

Es bueno que los padres puedan estar presentes en cada etapa de sus niños acompañando pero dejando que ellos puedan resolver situaciones y tomar decisiones.