¿Podemos ser más flexibles?

Cuán importante es reflexionar acerca de la manera en la que pensamos. Algo así como “pensar en lo que pensamos” o “valorar lo que valoramos”.
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Es que nuestra forma de valorar los acontecimientos va a terminar definiendo nuestro estado emocional.  

Hay personas que viven muy angustiadas y estresadas por la manera demandante que tienen de valorar los acontecimientos. Cuando nos movemos en la vida con la actitud de exigir que las cosas sean como yo entiendo que deben ser voy a desarrollar una conducta de justicia permanente en donde si algo no se hace o no se da como yo creo que tiene que ser me enojo fácilmente. De chico me enseñaron acerca del bien y para mí el bien es un principio que tiene que establecerse en todos los ámbitos. Cuando algo no ocurre según lo que yo valoro como bien, es decir según “mi bien”, aparece la ira ya que allí hay una injusticia en relación a mis principios. 

Un ejemplo: recuerdo que apenas me casé estábamos en la mesa por almorzar y me puse a cantar. Mi esposa me mira y me dice “amor, en la mesa no se canta”. Yo la miro y le digo “amor, ¿cómo que no se canta en la mesa? Cantar es una linda expresión de alegría”. Ella sorprendida me responde “¿nunca te enseñaron que en la mesa no se debe cantar?”. Ahí empezamos una serie de debate de posturas acerca de si se podía o no cantar lo cual terminó con una discusión. 

Lo curioso del asunto fue que el tipo de demandas que cada uno tenía nos llevó a darnos cuenta que afuera de nuestras leyes internas había una realidad que podía o no ser como nosotros pretendíamos que fuera. El problema está cuando pretendemos que los demás vivan y crean lo que yo estoy valorando o entendiendo: “esto tiene que ser así”. Cuando yo valoro que algo tiene que ser como yo pretendo y eso no ocurre, reacciono de una manera exigente e iracunda para que se cumpla lo que yo entiendo que es algo justo. 

Y la verdad es que no todas las cosas van a ser así. Es por eso que necesitamos valorar los acontecimientos de manera más flexible; esto no quiere decir que cambiemos nuestras convicciones y creencias sino que nuestra postura no sea demandante. Este cambio, nos va a permitir dialogar, expresar lo que sentimos y aun cuando algo nos gustaría que cambiase poder manifestarlo de una manera pacífica y hasta más persuasiva que cuando lo hacemos desde la demanda del “tiene que ser así”. 

 Cambiar nuestra manera de pensar, siempre va a mejorar en nuestra forma de relacionarnos. Se puede ser más flexibles y ello afectará para bien nuestra salud emocional y nuestra calidad de relacionamiento.