La motivación de creer

A diferencia de lo que muchos piensan, creer está más relacionado con las decisiones que con las emociones.
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Tiene que ver con la capacidad de evocar buenos pensamientos y proyectarnos de manera positiva hacia lo que viene. Claro que creer conlleva riesgos ya que implica ejecutar acciones de confianza. 

Creer produce motivación, cambia nuestro ánimo y nos permite estimularnos para generar acciones que van a terminar generando un buen ánimo para hacer las cosas. Cuando las personas deciden creer en algo invierten mucho en ello. Por ejemplo, quien cree en una relación, va invertir tiempo, dinero y hasta el riesgo de salir dañado. Alguien que decide creer en un negocio trabaja en éste, invierte horas, habla del negocio y arriesga por el mismo.  

La gente se motiva cuando cree. Y la gran pregunta es ¿cuándo fue la última vez que te animaste a creer, a confiar que cosas buenas podían pasarte? Muchas personas están sumergidas en las creencias de otros: les hicieron creer que nunca podrían expandirse económicamente, que nacieron en algún lugar periférico en donde abunda la droga y la delincuencia y que nunca podrían salir de allí, personas que no saben leer, escribir, desarrollar un oficio o carrera académica y piensan que no nacieron para ello. 

Hoy quiero animarte a que creas que tu realidad puede cambiar, que lo que siempre creíste y te detuvo puede ser modificado. Pero para ello, quisiera dejar un pensamiento: “el soñador es aquel que cree y no hace nada mientras que el visionario es el que cree pero además ejecuta acciones conforme a aquello que decide ver, creer y por lo cual se motiva”

La diferencia la hacés vos. Si te limitás a creer, vas a pasar tu vida viendo cómo otros concretan sueños y proyectos pero si sos un visionario no sólo vas a creer sino que vas a comenzar a ejecutar acciones en pos de aquello que estás soñando y viendo.