Arriesgarse a creer

Creer siempre conlleva riesgos pero es una manera sana de asumir la vida.
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He hablado acerca de la paz que produce desarrollar una vida de confianza así como la ansiedad y el constante estado de alerta que se da en quienes optan por no creer y desconfiar de todo. 

Hay personas que me dicen: “si yo creo termino viviendo un riesgo” o “creí en tal persona y me fue mal”, “creí en tal negocio y perdí dinero”. Eso es cierto, creer siempre conlleva riesgos.

Recuerdo en un viaje a Tierra del Fuego en donde me invitaron a visitar lugares típicos de allá, los glaciares, la nieve. Fuimos a un lugar en donde el río estaba congelado. Me dijeron que si quería podía caminar sobre éste. Me dieron ganas de hacerlo pero el primer pensamiento que se me vino es “esto puede no estar del todo congelado y debajo hay un río muy frío”. Entonces no me abalancé de una sino que fui probando y apoyando un pie. No iba a dar un salto para caer con todo el peso de mi cuerpo, por lo que decidí caminar pero comencé poniendo solamente un pie. 

A eso me refiero con asumir riesgos de manera controlada. Es necesario tomar riesgos controlados, arriesgarnos a creer pero ir de manera paulatina probando. Tiene que ver con arriesgarnos de tal manera que si perdemos, la pérdida no sea completa y podamos seguir motivados a creer y arriesgar. 

Es por se recomienda que cuando las personas decidan creer en algo: una relación, un proyecto o lo que sea, lo hagan de forma ordenada sabiendo que existe la posibilidad de ganar así como de perder. Haciéndolo así, si se pierde no hay impedimento para volver a intentar y si se gana habremos crecido en confianza, esperanza y seguridad. 

Creer siempre conlleva riesgos pero es una manera sana de asumir la vida.