Pensamientos y emociones

Es importante comprender, que si aprendimos a valorar los acontecimientos de forma patológica y perturbadora, vamos a desarrollar conductas disfuncionales.
blog_image

Todos queremos sentirnos bien de alguna manera. Es nuestro bien estar interno el que va a definir nuestra funcionalidad y productividad en la vida y a partir de ello que podremos o no llevar a cabo el propósito por el cual existimos. 

Es importante comprender, que si aprendimos a valorar los acontecimientos de forma patológica y perturbadora, vamos a desarrollar conductas disfuncionales. 

En cierta oportunidad, llega una mujer enojada al consultorio y comienza a hablarme de su marido. Ella me decía que necesitaba que él le demostrara más afecto, que fuera más cariñoso y me termina diciendo: “es necesario que usted hable con él, doctor, para que me demuestre más cariño”. Yo le respondí que podía hablar con él y explicarle acerca de la importancia del afecto en la relación de pareja pero que no podía hacer que tomara la decisión que ella estaba pidiendo. Le expliqué que iba a tener que adquirir paciencia mientras su marido ejecutara el proceso de cambio o bien asumir que él no iba  a modificar esa forma de ser si éste optaba por no cambiar. Su respuesta fue que entonces no continuaría ni con la terapia ni con su marido, se levantó y se fue. 

La pregunta es: ¿qué ganó esta mujer con esa actitud? Su demanda y su valoración le decían que el otro tenía que acomodarse a ella. 

No la vi más. Tal vez siguió con su marido o tal vez mantuvo su postura y se separó. Lo cierto es que si ella no cambió su manera de valorar los hechos probablemente haya vuelto a sufrir y a romper las siguientes relaciones porque los acontecimientos no se daban como ella los demandaba. 

¿Qué es lo que estás valorando? ¿Cuáles son tus exigencias en la vida que no pueden acomodarse a vos y te llevan a romper relaciones, proyectos o ideas porque el mundo no es como vos esperás?

Muchas veces lo que valoramos es desarrollado por cómo nos criamos. Es esa persona al que de niño le decían que mamá no amaba a los chicos cuando lloraban y creció sin poder expresar sus angustias porque de esta manera (pensaba inconscientemente) no lo iban a amar. 

Alguna vez pensaste “¿por qué pienso lo que pienso?”. Si nos detenemos en esta pregunta es probable que encontremos formas que aprendimos y no eran necesariamente ciertas y correctas y hoy nos están estorbando en nuestro sentir. Y si no son correctas, ¿no tendría que cambiar mi manera de pensar? Este es un principio para poner en práctica. Todo sería más saludable si cada uno se hiciera cargo de su manera de pensar.