El pesimismo y el optimismo

¿Alguna vez te topaste con esas personas que siempre tienen algo por lo que quejarse?
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Esa gente que no importa lo que viva pero siempre tienen algo malo para decir: sí consiguió un trabajo resalta que es por poco tiempo y no se quiere ilusionar, el que terminó el secundario y valora que ahora empieza la facultad y seguramente va a ser muy difícil y pesada, gente que siempre viva lo que viva le encontrará el lado negativo a las cosas.

En una oportunidad conversaba con un paciente y le decía ¿por qué tendés a pensar siempre lo malo en vez de disfrutar de las cosas que te están pasando? Él me dijo una frase que me hizo pensar mucho: “doctor, es que no quiero desilusionarme. Prefiero no pensar lo bueno para no vivir una desilusión después”. Y mi pregunta es ¿por qué la gente prefiere pensar lo malo de entrada? 

Pero la ilusión es buena, nos ayuda a motivarnos, a tener sueños, nos permite tener un buen ánimo porque creemos que algo bueno va a pasar y nos empuja hacia adelante. Elegir pensar lo malo de entrada nos lleva a vivir en un estado de angustia de manera permanente. Yo elijo pensar lo bueno siempre, y si algo malo llegara a ocurrir, lo viviré en su momento.

Recordá que en función de nuestros pensamientos tendremos determinadas emociones y según nuestra manera de pensar será nuestra calidad de vida. Vivir mejor es posible y educar las emociones está al alcance de todos.  

No olvides que los límites mentales están dentro nuestro y no de manera externa. Una realidad o contexto puede no ser el mejor, pero la esperanza y el optimismo serán los transformadores de realidades. ¡Nunca es tarde para cambiar!