Hablar bien - Primera parte

Hablar, tiene que ver con expresarse. Con comunicar y ser escuchado.
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En parte, esto es comprendido por la comunicación oral. Pero a diferencia de lo que muchos suponen, hablar bien va mucho más allá de la oratoria. Comunicamos lo que somos, transmitimos lo que hay dentro de nosotros y una de las maneras más frecuentes de hacerlo es por medio de las palabras. Es que las palabras son el vehículo de sentimientos, emociones, sensaciones y todo lo imperceptible que el hombre quiera comunicar a otros. 

Por todo esto, hablar bien involucra a la oratoria, pero va mucho más lejos. Más profundo. Amo la buena pronunciación, la dicción y gesticulación entrenada así como la voz que ha sido trabajada. Pero vacío y hueco sería eso, si se desestima como algo primordial la esencia que habita en nuestro interior y que saldrá por medio de la palabra. Si somos sinceros, no siempre en nosotros hay fe, paciencia, amor, tolerancia y todo lo bueno que pueda habitar en nuestra persona. En tanto y en cuanto seguimos siendo transformados en nuestro ser, habrá cosas que erradicar.

Hablar bien fortalece vínculos, cambia la atmósfera de un hogar, consuela al que está desanimado y anima al que tenía poca fe. Hablar bien es una elección y tiene que ver con seleccionar cuidadosamente lo que vamos a dejar salir al dirigirnos a un prójimo, a mi esposa/o, a mis hijos, a mis amigos o compañeros. Por momentos, hablar bien se traducirá en una feroz batalla interna en contra de la queja y el pesimismo. 

Está en nosotros, la posibilidad de elegir entre la vida o la muerte. Y hablar bien, siempre nos conectará con lo que perdura para siempre.