Miedo ¿funcional o disfuncional?

¿Alguna vez te perdiste una gran oportunidad por miedo? Encarar un proyecto, estudiar una carrera, hacer un viaje, formar pareja.
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¿Y alguna vez el miedo te salvó? De un accidente cuando te dormías en la ruta, del posible castigo de papá y mamá, de escapar de quien quería agredirte, etc. 

El problema que tenemos con el miedo es que lo asociamos a un acontecimiento de terror o, mínimamente, lo vemos como algo horrible y procuramos evitarlo todo el tiempo. Pero el miedo en su justa medida no es malo. De hecho, es necesario ya que nos permite en muchas ocasiones enfocarnos. 

¿Cuándo el miedo se vuelve un problema? Cuando se torna disfuncional; es decir, cuando por temor a algo o a alguien dejamos de cumplir la función que se espera de nosotros. Es el caso de la persona que se pierde el viaje por miedo a viajar en avión, o aquel que se priva de crecer profesionalmente por temor a hablar en público, es el caso de quienes por miedo a relacionarse con personas desarrollan todo el tiempo conductas evitativas. Y la lista sigue. 

¿Qué hacer entonces? En primer lugar, debes saber que, como toda emoción, el miedo parte de una creencia. En este caso, la de pensar que algo malo va a suceder y no lo podremos sobrellevar. En algunas situaciones, se le agrega el condimento de la “catastrofización”, en donde se le da una intensidad por demás elevada a las circunstancias. Por ende, si lo que anhelamos es que el miedo no nos vuelva personas disfuncionales, necesitamos cambiar esa creencia: la de pensar todo el tiempo en que lo malo puede ocurrir y que no vamos a poder sobrellevarlo. Luego, es bueno repasar si no tendemos a darle un tinte catastrófico a algunos acontecimiento. 

Por último, todo temor debe enfrentarse. Y aquí no hay muchas vueltas que darle: se lo enfrenta enfrentándolo. Por supuesto que de manera gradual. Si una persona tiene pánico a que le pise un auto cuando cruce la calle, no sería un buen plan que enfrente su miedo en la avenida más transitada a la hora más concurrida. Lo aconsejable es que empiece gradualmente, por ejemplo, cruzando una calle en un barrio por donde circulen pocos autos para luego ir aumentado el desafío. 

Quisiera finalizar, dejando en claro que los miedos muchas veces no van a desaparecer. Pero ese no es nuestro problema, el desafío es que, con o sin temores, podamos avanzar y hacer todo aquello que entendamos como propósito en nuestra vida.