El matrimonio como un pacto de confianza

Desarrollar confianza y volvernos confiables es una tarea que todos deberíamos llevar a cabo ya que de esta manera la vida es mucho más saludable.
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Hace algún tiempo, precisamente en el 2015 encontré en el diario La Voz del Interior de Córdoba un titular que decía “Mientras 10 parejas se casan, otras 7 se divorcian”. Las estadísticas afirman que los matrimonios se están disolviendo y el divorcio se ha constituido en una herramienta práctica de la vida cotidiana. Lo triste es que lo aceptamos como algo que puede pasar y hasta algo natural. Y digo que es triste porque nadie se casa pensando en separarse. 

Cuando nos casamos lo que hacemos es introducirnos en un pacto de confianza ya que eso es el matrimonio. Por el contrario, el matrimonio no es un lugar de prueba en donde el otro tiene que hacer todas las cosas bien conforme a mis expectativas para así salir aprobado. El matrimonio es un pacto de asociación para formar una familia en donde debe haber un recurso psíquico básico para todas las personas: la confianza.

Sin confianza no se puede establecer un matrimonio saludable por lo que un error grave es pretender confiar a partir de pruebas que el otro pueda establecer: “yo voy a confiar en vos si me demostrás que puedo confiar en vos”. Eso no es confianza, es exigencia de demostración. 

Pero la confianza, es un recurso psíquico que debo desarrollar yo y no a expensas del otro. Por supuesto que la actitud de la otra persona me va a ayudar, es mi tarea generar una atmósfera que a mi esposa le genere confianza y viceversa. Me refiero a formas de vida que generen plataformas para que el otro pueda estar tranquilo. Pero el matrimonio no debe estar basado en protocolos de seguridad en donde debamos dar cuentas de todo por el temor de mi compañero/a.