Las verdaderas prioridades

Necesitamos aprender a priorizar lo que realmente vale en nuestras vidas.
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En una ocasión, un conferencista que estaba dando una capacitación en una empresa sacó un frasco de vidrio y frente a la vista de todos lo llenó de piedras. Preguntó si creían que estaba lleno y casi todos dijeron que sí. Acto seguido sacó de una bolsa piedritas más pequeñas y empezó a arrojarlas sobre el frasco por lo que éstas se iban acomodando por medio de los pequeños huecos que había entre las piedras más grandes. Volvió a hacer la misma pregunta y algunos dijeron que sí y otros que no. Finalmente sacó una bolsa con arena y la derramó sobre el frasco que aún tenía algunos pequeños espacios. 

Le preguntó a la audiencia qué creían que estaba queriendo decirles. Alguien con muy buen criterio le respondió que era una enseñanza en relación a cómo acomodamos nuestro tiempo en la vida. Al conferencista la pareció una lectura muy interesante pero, sin embargo, les explicó que si él hubiese puesto primero la arena le habría sido imposible luego ubicar las piedras más grandes. 

Así operamos muchas veces con nuestras vidas, le damos prioridad a las piedras pequeñas: algo material, un proyecto personal, una moda pasajera, etc., y cuando queremos disfrutar de las piedras grandes (la familia, el bienestar en el hogar), nos encontramos con que las piedritas nos estorban. No son pocos los padres que recién cuando se encuentran con sus hijos en crisis graves reaccionan acerca de la poca importancia que le estuvieron dando al tiempo de calidad en familia. 

Cuando le dedicas el tiempo a las cosas importantes (familia, afectos, relaciones de valor) vas a ver cómo tu vida estará bien enfocada y esta base te permitirá luego ubicar sin problemas aquellas piedras más pequeñas (un trabajo, un proyecto personal, sueños, etc.).