¿De qué se trata la adicción?

Hablar de adicciones nos lleva siempre a la necesidad de delimitar cuál es nuestra responsabilidad y cuál es la del otro en torno a la temática. Y para ello es importante que podamos comprender de qué estamos hablando.
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Como expresamos en el artículo anterior, la palabra adicto, hace referencia en su concepto a “el que no habla”, a aquel que no tiene la capacidad de verbalizar lo que le está pasando. 

Por lo general la adicción tiene que ver con un estado de angustia que no está siendo canalizado. Las palabras de algún modo nos permiten expresar qué nos está sucediendo. Siempre que tenemos una crisis y podemos hablar con alguien esta acción nos ayuda a ponerle nombre a aquello que nos ocurre. Un padre, un amigo, un consejero espiritual o quien sea que nos pueda auxiliar es importante para que verbalicemos lo que estamos viviendo. De esta manera el nivel de angustia desciende. 

Pero cuando no puedo hablar, cuando no he desarrollado el hábito de ponerle palabras a lo que me pasa, esa angustia va a buscar manifestarse de alguna manera y la forma en la que lo hará tiene que ver con el placer. Éste, muchas veces va a calmar la angustia pero no la va a resolver. La adicción tiene que ver con esto, es un problema más emocional que de conducta. A la larga sí se va a convertir en un problema conductual pero en primer lugar está ligado a una angustia. 

Cuando un joven que consume dice “mi problema no tiene que ver con las drogas”, de alguna manera tiene razón. Él está viviendo algo mucho más profundo que el consumo de sustancias. Lamentablemente muchas veces cuando se intenta resolver un problema de adicciones se pone todo el enfoque en la sustancia. 

En otras palabras, para poder resolver un problema de angustia va a ser necesario hablar y no quedarse callados. Comunicarnos siempre va a dar resultado.