Aprender a gobernar la ira

¿Te sentiste en algún momento de la semana enojado?
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Lo más probable es que la respuesta sea que sí ya que es muy común en el hombre el enojo. Ahora que sea algo cotidiano no significa que sea saludable. De hecho, el enojo, sólo nos va a convenir cuando nos encontremos en situaciones de riesgo o peligro; en el origen del hombre la ira le ayudaba a escapar de alguna bestia o de algún ataque. Pero el tiempo pasó, ya no nos enfrentamos a los peligros de antaño y sin embargo continuamos viviendo con enojo.

¿Qué hace que las personas se enojen? Una boleta que llega con un aumento, un esposo que no está con el humor que esperábamos o alguien que no nos trató de la mejor manera. ¿Es por situaciones así que nos enojamos? Lo cierto es que las emociones no se generan por lo que vivimos sino por lo que pensamos de aquello que vivimos. El enojo puntualmente es producido cuando creemos que algo es injusto. 

En una ocasión un amigo iba manejando y otro auto lo sobrepasó de manera imprudente encerrándolo. Él se enojó, aceleró y al pasarlo le hizo lo mismo, le tiró su auto encima pudiendo haber provocado un accidente. Cuando le pregunté por qué hizo eso él me dijo que lo que valoró en ese momento fue que lo querían pasar por encima, es decir, que se querían aprovechar de él: “y ya sabés lo que pasa cuando alguien se aprovecha de vos y no reaccionás, te terminan tomando por tonto y abusando de vos cada vez que puedan”, concluyó. 

Me quedé meditando en la respuesta de mi amigo, él reaccionó con violencia para no parecer débil pero ésta en realidad fue una debilidad ya que por no gobernar su enojo estuvo cerca de provocar una tragedia. Cuando alguien reacciona con violencia, deja de pensar lo que está haciendo y puede que las consecuencias terminen siendo perjudiciales. 

Las preguntas con las que quisiera terminar este espacio son ¿cómo reaccionas ante las injusticias? Y tu ira ¿te hace más fuerte o más débil?