¿De quién depende nuestra salud emocional?

Lograr una buena calidad de vida y aprender a sentirte bien no tiene que ver con los acontecimientos que ocurran a tu alrededor sino con
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Hablar de emociones y de la no educación de éstas encuentra su mejor ejemplo en los niños. Hace un tiempo caminábamos con mi hijo pequeño por un parque cerca de casa y al pasar por un quiosco me pide que le compre unos caramelos. Yo le dije que no, que recién terminaba de almorzar y que si comía golosinas no iba a poder dormir la siesta ya que la glucosa produce cierto aceleramiento en los pequeños. Me llevó algún tiempo explicarle que no le iba a comprar caramelos y finalmente se terminó enojando. 

Si yo le hubiese comprado lo que me pedía luego de su enojo, y cada vez que me pidiera caramelos yo se los comprase con tal de que no se angustie, lo único que estaría logrando es acomodar su vida a sus gustos y deseos. Cuando las personas vivimos esperando que todo se acomode a lo que nosotros queremos, nos volvemos dependientes de los demás. Siempre vamos a estar esperando que nos traten de la forma correcta, que nos hagan lo que pedimos cuando lo pedimos y esto es demasiado peligroso ya que estamos dejando nuestra vida en manos de los demás. 

Aprender a vivir los acontecimientos y aprender a sufrir los acontecimientos son las herramientas necesarias para aprender a gobernar nuestras emociones. Las personas anhelamos sentirnos bien y eso está directamente relacionado con las emociones, pero si ese bienestar está sujeto a que nuestra esposa nos trate de determinada manera, a que nuestro jefe se comporte de cierta forma vamos a estar poniendo en manos de terceros nuestra salud emocional. 

Lograr una buena calidad de vida y aprender a sentirte bien no tiene que ver con los acontecimientos que ocurran a tu alrededor sino con lo que vos decidas pensar y valorar en tu interior. ¿Cómo estás valorando lo que te sucede y qué estás pensando de los demás? Aprender a pensar de buena manera es la clave ya que las emociones que yo siento no se producen por lo que otros hacen sino por lo que yo pienso en relación a lo que otros hacen.