El aburrimiento frente al placer

El aburrimiento genera un estado de angustia interna que estorba a las personas
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El aburrimiento

Genera un estado de angustia interna que estorba a las personas. El sin propósito se convierte en una tortura. La estructura psíquica inconscientemente planifica sacárselo de encima pronto, aunque ni siquiera lo notemos. Aquí es donde interviene el placer.

El placer es un diseño psíquico que calma la angustia; no la resuelve, pero la calma.
¿Qué significa?

Empezaré por explicar qué es la angustia. No me refiero solo a un gran malestar. Es suficiente con que sea de una intensidad leve para provocar en nosotros un estado que nos motive a deshacernos de ella. Desde lo más insignificante hasta lo más grave.

Desde tomar un café más frío de lo que queríamos hasta la pérdida de un hijo. Solo basta que se presente una situación donde nuestros deseos no sean satisfechos para que se manifieste un estado de angustia leve, moderado o intenso. Este depende de la intensidad de nuestro deseo. Cada vez que se presente, engendrará una tendencia natural a buscar cómo salir de él.

Nuestros deseos

Se desprenden de necesidades profundas que tenemos para lograr un equilibrio interno que nos permita un buen funcionamiento social. El problema es que, muchas veces, nuestros deseos se nos ocultan. Sí, aunque parezca raro, nosotros no siempre sabemos con exactitud lo que deseamos. Este es un proceso acordado por muchas líneas de pensamiento psicológico, como el psicoanálisis y la terapia cognitiva, y también aparece en la Biblia, cuando dice “engañoso es el corazón del hombre más que todas las cosas”.

Cuando nuestros deseos NO son satisfechos, Se produce una angustia que nos incomoda.

Es la señal que tenemos para saber que, en nuestro interior, hay algo no está bien, algo que necesita ser resuelto. Tenemos necesidades que no están siendo satisfechas. Además, de forma bien compleja, la angustia es el resultado de la movilización interna. Es lo que nos dice que hay cambios en nuestro interior. Resumiendo, cuando nuestras necesidades profundas no son satisfechas, generan angustia; pero también, cuando salimos de nuestra comodidad para introducir cambios, ella aparece porque se interpreta erróneamente que entramos en zona de peligro. Este tipo de angustia puede considerarse siológica.

Existe otro tipo de angustia, otro tipo de dolor intrínseco. Es la angustia que se vive después de sortear las primeras manifestaciones de dolor.

Este es el caso de Vanesa. Si bien ella estaba sufriendo por los cambios que le producía el tratamiento, cuando quiso disminuir el sufrimiento y dar lugar a un momento de placer para aliviar el dolor moral, lo único que logró fue aumentarlo.

El alivio fue transitorio

El placer existió, pero fue momentáneo, y cuando terminó, se activó de nuevo la realidad interna. Cuando la angustia vuelve después de haber querido escapar de ella, lo hace con más fuerza, con más intensidad. A este tipo de dolor o angustia se la define como “angustia patológica”, porque no era necesario pasar por ella, podía obviarse. Se podía evitar la recaída y la internación de Vanesa, pero ella prefirió satisfacer temporariamente su deseo de escapar.

Vanesa sufría por su historia de vida. El muchacho con el que se escapó solo sumó situaciones, pero su estructura psíquica, formada de pequeña, ya estaba herida.

Las personas constituyen sus estructuras psíquicas en la infancia. Si bien pueden ser modificadas en la edad adulta, la mayoría está influenciada por lo que vivió en la niñez. Es en ese momento que se define la estructura de base con la que administraremos nuestras experiencias en el futuro. Bueno, espero que sea de utilidad esta nota, el aburrimiento es parte de nuestra vida. Y debemos saber cómo enfrentarlo.

- Extraído del libro "Como vivir sin aburrirse"