¿Qué necesitas de verdad?

Muchas veces no podemos tener una vida emocionalmente saludable por causa de la angustia. En contadas ocasiones, la angustia se genera porque las personas no pueden obtener aquello que creen necesitar
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En una oportunidad, me invitaron a dar una conferencia en una ciudad dentro del país. Recuerdo que me consiguieron hospedaje en un hotel 5 estrellas. La verdad es que me sentía muy cómodo allí; pero al llegar a mi casa empecé a tener pensamientos como “qué lindo sería tener una ducha como la que había en aquel hotel”, “qué bien que me vendría un colchón como el de esa habitación”, “qué bueno que estaría tener una piscina en mi casa”, etc.

Lo cierto, es que muchas veces convertimos aquello que vimos en otro lugar o en otras personas como algo más que un deseo.

Le empezamos a dar una carga mayor de expectativa hasta que en nuestra mente se vuelve una necesidad. Caigo en la comparación de lo que vi con lo que tengo.

En otra ocasión, me pidieron que fuera a dar un curso a un pueblo del norte del país. La situación era totalmente diferente, la condición económica era de bajos recursos y me recibieron en una escuela rural. Apenas llegamos, luego de un largo viaje, pedí poder pasar al baño para darme asearme y cambiarme. La ducha consistía en un chorro que salía de un agujero y golpeaba fuerte en el piso, no había siquiera azulejos y así era el resto del lugar. En ese momento pensé: “la verdad es que extraño mi baño”. Ni siquiera pensé en el baño de aquel lujoso hotel, simplemente valoré lo que tenía.

Lo cierto es que muy a menudo terminamos poniendo necesidades donde no las hay.

Al emprender el viaje de retorno de aquel pueblito norteño volví reflexionando en que a veces necesitamos ver cómo es verdaderamente una necesidad para saber si es real lo que creemos necesitar.

¿Qué cosas has declarado en tu vida como una necesidad? ¿Realmente son necesidades? ¿Hay comida en tu mesa o un techo sobre tu cama?

Hemos aprendido a vivir quejándonos por deseos que son sólo deseos de un mejor o más confortable estado. Y no es que está mal acceder a ello, pero sí el ponerle angustia.
Aprendamos a vivir mejor y a disfrutar de aquello que tenemos.