Angustia vs placer

Todos los seres humanos giramos en torno a dos grandes estados emocionales. Por un lado está la angustia y por el otro el placer
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La angustia, es ese estado subjetivo desagradable que produce en nosotros inquietud, intranquilidad y malestar. El placer, por su parte, se manifiesta con el bienestar, la sensación de gozo y contentamiento así como las ganas de hacer cosas.

¿Qué sucede cuando nos encontramos angustiados?

Normalmente de manera automática tendemos a buscar el placer. No está mal, es una tendencia innata de todo ser humano. El problema radica en que muchas personas, al estar angustiadas no investigan cuál es la causa que está generando ese estado sino que para calmarla buscan el placer inmediato: algo que genere contentamiento y satisfacción momentánea y no algo que vaya a consolidarse y perdurar. Ese placer inmediato puede ser buscado en drogas, salidas, formas de sexo, comidas, entretenimiento temporal lo cual lo único que hará será calmar momentáneamente la angustia.

De la angustia se desprenden tres emociones que llamamos negativas: la ira, el miedo y la tristeza. En esta ocasión quisiera desarrollar un punto en torno a esta última.

La tristeza aparece por el pensamiento de pérdida.

Hemos perdido algo: un ser querido, una relación, un trabajo, un proyecto, etc. y creemos que ya no podremos vivir sin eso. Allí aparece la angustia, ¿para qué? Para que podamos elaborar esa pérdida y continuar con nuestra vida. Ahora bien, si todo el tiempo a esa angustia la tapamos con placer y negamos que algo se perdió, nunca podremos realizar la elaboración y jamás desarrollaremos una vida emocionalmente saludable.

Si esta es tu situación, necesitas detenerte a pensar qué fue lo que perdiste, evaluar si realmente tu vida no va a poder continuar y elaborar una nueva realidad sin eso que ya no está.