“Cutting”: El nuevo flagelo adolescente

El nuevo flagelo adolescente
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Todavía recuerdo, el día en que aquella adolescente de tan solo 14 años...

Llegaba por primera vez a mi consultorio. Con mangas largas a pesar del calor, cabizbaja, usando su pelo largo como cortina para esconderse detrás. Su mamá (después de lograr mantenerlo oculto un buen tiempo), la había descubierto. Ella, como sostén del hogar, le tocaba trabajar todo el día. Y cuando finalmente llegaba a la casa, el estudio era el centro de la relación, entre esta mamá y esta hija única. La adolescente, se había cortado en los antebrazos con una hoja de afeitar. Al parecer, había copiado la idea de otras compañeras de colegio, que ya lo habían hecho antes. Ella, era una más, de muchas que al parecer, habían encontrado en esos cortes, una manera de aliviar tanta angustia retenida.

Y así lo referirían, las adolescentes que seguirían llegando, con la misma problemática que angustiaba y desorientaba a padres y maestros.

Se trata de la nueva “tendencia” entre los adolescentes: “cutting”, el autolesionarse, con la finalidad de aliviar la angustia, disminuir el estrés, o liberarse de emociones que no logran resolver de otra manera. Se denominan conductas “parasuicidas” ya que no tienen como finalidad el suicidio, sino la descarga emocional debido a la dificultad de expresar esa angustia y canalizarla de una manera saludable o pedir ayuda. Si bien no tienen como fin el suicidio, estas conductas de riesgo pueden tornarse fatales, por lo que merecen la atención y consideración necesarias. En la mayoría de los casos, se trata de cortes superficiales en antebrazos o piernas.

Si bien no hay cifras oficiales, el número de adolescentes que manifiestan estas conductas, ha crecido considerablemente en los últimos años, volviéndose una preocupación en las escuelas, y una demanda constante para los psicólogos y psiquiatras. Éstas, aparecen asociadas a trastornos de ansiedad, depresión y mayormente, trastorno límite de la personalidad. Pero también se pueden asociar al bullying o luego de haber pasado por el trauma de un abuso sexual.

La adolescencia, es una etapa donde el individuo atraviesa por muchos cambios desde lo físico, psíquico, así como también lo social. Las relaciones interpersonales cobran un valor altísimo, pasando a ser “el centro” de sus vidas, por lo que los conflictos con sus padres, amigos, vínculos amorosos, etc. tendrán una repercusión mucho mayor que en otras etapas. Es el momento donde la identidad se está consolidando y donde comienza la lucha por la independencia . El adolescente busca diferenciarse, descubrirse más allá de sus padres y afirmarse en su identidad única donde puede pensar, disentir y decidir por sí mismo.

Cuando a este panorama, se le suman adolescentes con una mayor sensibilidad al miedo, la ira o la tristeza que otros, y con dificultades para tolerar, regular o expresar dichas emociones, la situación se tornará más complicada.

Pero esto no es todo, ya que para que un problema de este calibre termine floreciendo, sin duda se conjugan más de dos factores, y la familia siempre es el elemento clave.

En otra oportunidad, otra adolescente me explicaba que sus padres “no tienen tiempo para escucharme, porque están ocupados con mis hermanos más chicos o con el trabajo. Cuando me escuchan es para darme sermones, no me entienden…” Entonces ella optaba por encerrarse horas y horas en su habitación, leyendo novelas de desamores, chateando, llorando a solas…cortándose.

En tiempo donde no hay tiempo

En tiempos donde no hay tiempo, donde todo es virtual e inmediato, donde aparece la famosa palabra “hiperconexión”, las familias están desconectadas de aquellos que están en la habitación de al lado, sin saber las cosas importantes y vitales que están viviendo. Sin conocer cómo se sintieron cuando los rechazaron, les rompieron el corazón, o simplemente no los invitaron a ese cumpleaños que para ellos, significaba demasiadas cosas.

Cuando el núcleo familiar es contenedor, los vínculos fuertes y profundos, y la atmósfera del hogar, es un lugar digno como para querer volver a casa, no hay vulnerabilidad o bullyng que no puedan superarse y sanar.

El cutting no es más que otra señal de pedido de ayuda, de necesidad de que los miren, los escuchen, les hagan un lugar. Es el síntoma de un problema familiar y social que nos involucra a todos. Hoy es cutting, pero mañana, ¿qué otra cosa será?

¿Qué podemos hacer?
  • Estar atentos a cualquier cambio brusco de conducta como nerviosismo o agresividad. Si los observamos con mangas largas o pantalones largos, incluso dentro de la casa o en un clima de calor.
  • Darles su espacio de intimidad, pero cuidando que no se aíslen.
  • Favorecer y promover espacios propicios al diálogo, momentos en donde podamos dedicarles nuestra atención completa a ellos.
  • Interesarnos en sus motivaciones e intereses, involucrarnos en sus actividades, con sus amigos, pasatiempos, etc.
  • Buscar el asesoramiento e intervención profesional correspondiente.